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Desarrollo local y empleo José Montilla Hoy más que nunca es necesario formular análisis y supuestos
de futuro admitiendo como relevante la fecha del 3 de marzo de este año.
No podemos obviar un antes y un después de esta fecha que, sin
duda, marcará el desarrollo de los acontecimientos futuros. Finiquitar casi catorce años de un Gobierno socialista que ha
estado permanentemente implementando políticas cuyo objetivo es
fomentar inversión pública, universalización de derechos
básicos de los ciudadanos y ciudadanas, sanidad, educación,
pensiones, protección al desempleo, etc.- tendentes a instaurar
un modelo de sociedad enmarcado en el "Estado del Bienestar",
es algo que no debe pasar, y que no pasará, desapercibido, máxime
si tenemos en cuenta que este período vino precedido de siete años
de transición, duros e inestables (1976-1982) y estos, a su vez,
de cuarenta largos años de dictadura, escaso desarrollo y aislamiento
internacional. El relevo que se ha producido en el Gobierno no cabe pues considerarlo
como un mero cambio de gestores, sino como un nuevo proyecto político
que pretende un modelo de sociedad distinto al formulado en el proyecto
socialista. Esta circunstancia implica que necesariamente se adoptarán
medidas legislativas y de gestión tendentes a implementar en la
sociedad nuevos valores más liberales en el terreno económico
y menos solidarios. En este sentido debemos considerar y reflexionar sobre como estos novedosos
aspectos de la realidad política española van a afectar
las estrategias de desarrollo económico y social que estamos desarrollando
en los Ayuntamientos progresistas, los cuales, sin ninguna duda, han contribuido
de manera determinante en la creación de empleo y en la formación
profesional de nuestros jóvenes, colectivo que sigue estando duramente
castigado en la integración al mercado laboral. Es muy probable, que debamos emprender en cada momento determinadas acciones,
con objeto de evitar que puedan avanzar medidas lesivas para el modelo
de desarrollo que hemos trazado desde el municipalismo progresista. Acciones
decididas en este sentido fortalecerán nuestro mensaje colectivo
y nos permitirán establecer un común denominador entre los
que tenemos responsabilidades de Gobierno y los que ejercen su labor en
la oposición. Sólo tomando en consideración el ámbito municipal,
hay aspectos de una enorme trascendencia que hoy están marcados
por la indefinición, como pueden ser: - La financiación local. Políticas de desarrollo económico y social El proceso de democratización real de la vida municipal española,
iniciado en 1979, cambió radicalmente el concepto de administracuón
local, pasando de ser agresiva contra los ciudadanos a ser comprometida
al servicio de los ciudadanos. Ciertamente deberíamos felicitarnos
por el trascendental y vertiginoso avance que en materia de infraestructuras,
equipamientos, servicios, zonas verdes, mayor cultura medioambiental,
convivencia ciudadana, atenciones primarias a colectivos desamparados,
etc. han tenido nuestros pueblos y ciudades. En suma, un importante aumento
de la calidad de vida de nuestros municipios y ello a pesar de tener una
atomización municipal no homologable con ningún país
de la OCDE; más de 8.000 municipios es una temeridad en un país
no especialmente sobrado de recursos públicos y esto, más
pronto que tarde, requerirá una reflexión en profundidad
si queremos, de verdad, abordar con rigor el grave problema de las maltrechas
finanzas municipales y la debilidad competencial del municipalismo español. Las políticas de promoción económica inicialmente
desarrolladas por los ayuntamientos democráticos, prácticamente
desde su constitución, han evolucionado conceptualmente en función
de los nuevos requerimientos de la economía y de la ya dilatada
experiencia. Básicamente, podemos hacer referencia a tres momentos complementarios
y sus respectivas prioridades de actuación: A partir de los años 83-84, entra en una severa crisis nuestro
modelo industrial, provocando una espectacular caída del empleo.
Es básicamente a partir de este momento cuando la Administración
Local toma conciencia de la necesidad de abordar el grave problema de
las altas tasas de desempleo que soportan sus municipios -además
de las numerosas carencias básicas sociales-, con las pocas herramientas
de las que dispone y sin competencia alguna, actuando como catalizador
que cree condiciones para generar empleo. Todo ello con el convencimiento
de que es poco reconfortante promover un estado de bienestar y mejorar
la calidad de vida si el epicentro de la vida de las personas, el empleo,
se convierte en algo efímero. Como consecuencia de esta realidad, de un modo unilateral e improvisado,
y a veces algo quijotesco, empiezan a surgir medidas singulares en diversos
municipios encaminadas a la creación de empleo. En este momento
inicial tuvieron gran importancia los esfuerzos encaminados hacia la formación
profesional. En esta etapa, la alianza con el INEM, los logros derivados
de la creación del Fondo de Solidaridad y la propia creación
de los Fondos de Promoción de Empleo encontraron un caldo de cultivo
en el atrevimiento de unos alcaldes, que sin vacilar y asumiendo mucho
riesgo y competencias que tradicionalmente no eran suyas, abanderaron
políticamente lo que hoy aún perdura, "lo local y el
empleo", acuñando un binomio de difícil separación. Este primer y decidido paso del municipalismo puso en práctica,
por la vía de hecho, la coordinación de diferentes instrumentos
y diversas Administraciones que, con dirección política,
perseguían el mismo objetivo, generar empleo, o, como poco, generar
las condiciones para la creación del empleo. Recuerdo en este sentido
que cuando llegué a la Alcaldía de Cornellà de Llobregat
en 1985 y durante los primeros años de mandato ningún problema
era tan acuciante como el contar con un índice de paro en la ciudad
que llegó a alcanzar por entonces el 30%. Fue con el principal
objetivo de contribuir a la reducción paulatina de esta altísima
tasa de paro que decidimos la creación de la Empresa Municipal
de Promoción Económica de Cornellà, S.A. (PRECSA),
la cual, desde sus primeros años allá por la segunda mitad
de los ochenta, hasta nuestros días, ha ido evolucionando sensiblemente
en función de las nuevas necesidades y estrategias de dinamización
económica de la ciudad. En este contexto de políticas para afrontar el alto paro generalizado
que se daba en España, y que lamentablemente todavía sigue
constituyendo una característica acuciante de nuestra economía,
hay que señalar como muy notable la aparición en el año
85 del Programa de Escuelas Taller y Casas de Oficio, que propició
un instrumento de vital importancia para las estrategias de desarrollo,
aunque ahora, lamentablemente, haya perdido su dinamismo original y ello,
fundamentalmente, se debe a la necesidad urgente de modificar su marco
normativo, objetivos, y metodología de funcionamiento, de manera
que se adecúen a la realidad actual reconvirtiéndose en
pieza incentivadora y antesala de iniciativas emprendedoras que, convenientemente
tuteladas, deberían ser la cantera de los Centros de Empresa, comúnmente
llamados "Viveros". La puesta en marcha de las Iniciativas de Promoción Empresarial
representan la introducción de un enfoque que trata de anticipar
los problemas, más que de asimilarlos y que comienza a prescindir
de la exclusividad pública en las intervenciones, valorándose
positivamente la cooperación pública-privada. Las autoridades públicas, por lo tanto, no han de actuar solamente
sobre las situaciones de necesidad provocadas por el desempleo, sinó
también fomentando un crecimiento económico que indirectamente
las evitara. Dos son los objetivos fundamentales de las Iniciativas de Desarrollo
Local: Estrategias de desarrollo local Llevar a cabo Iniciativas de Desarrollo Local implica gestionar un proyecto
de desarrollo para el cual se fijen objetivos, se utilice el territorio
como factor de competitividad y se generen, como condición imprescindible,
amplios consensos institucionales y entre actores públicos y privados.
El desarrollo de un proyecto de estas características debería
articularse a partir de tres elementos básicos: - Reforzar las capacidades de desarrollo local a partir de un proyecto
estratégico; es decir, de un proyecto donde los actores analicen
los problemas, identifiquen su mercado y los productos que pueden ofrecer,
valoren las debilidades y las potencialidades del territorio, y elaboren
estrategias de cooperación. La necesidad de un proyecto estratégico local Que a partir de una combinación de factores endógenos y
exógenos que conduzcan el desarrollo de un territorio en función
de una definición clara de sus objetivos y que, en todo momento,
intervengan en la adquisición de capacidades locales. Es por esto
que parece importante: - disponer de servicios de desarrollo local. En cualquier caso, reforzar las capacidades de desarrollo desde una perspectiva
estratégica requiere un mínimo de tres condiciones: Consiste en la creación de un Observatorio Permanente del Mercado
de Trabajo de la Comarca que tiene por objetivo ofrecer un banco de datos
que aporte información suficiente para acercar oferta y demanda
de trabajo de los usuarios de este servicio, que son las instituciones
y agentes sociales que participan en la generación e implementación
de políticas activas de empleo, administraciones en general, organizaciones
sindicales y empresariales y agentes individuales como las empresas y
los propios demandantes de empleo. Sobre el rol y la responsabilidad del gobierno Tradicionalmente las responsabilidades públicas hacia la promoción
económica recaían sobre las espaldas de los gobiernos nacionales.
Paulatinamente, el nivel nacional ha ido mostrando sus límites
y rigideces: desconocimiento de las circunstancias locales, enfoque macroeconómico,
preferencia por los resultados a corto plazo, diseños eminentemente
reactivos, etc. Así pues, avanzados los años 80 se inicia una lenta inversión.
Los gobiernos locales van acaparando protagonismo, ya que se reconoce
el valor de los enfoques microeconómicos (las pequeñas empresas
como principales generadores de ocupación e innovación),
de la calidad de los entornos productivos, de la calificación de
los recursos humanos o, en definitiva, de los factores endógenos
de desarrollo. Sobre éstas tendencias, y utilizando las sugerencias de la OCDE,
es posible presentar los principios de acción que inspiran los
nuevos roles y las nuevas responsabilidades gubernamentales: Algunos instrumentos de intervención Los instrumentos para implementar proyectos de desarrollo local son muchos
y variados. En relación al conocimiento de los mercados y de la oferta local: La importancia de los llamados factores invisibles: En este sentido, puedo afirmar que la experiencia llevada a cabo en la
Comarca del Baix Llobregat de poner en marcha en 1990 un Consejo Económico
y Social, en donde se encuentran representadas las organizaciones sindicales
y empresariales, además del propio Consell Comarcal, ha constituido
un elemento efectivo para la participación y el encuentro de consensos,
en definitiva la concertación social como elemento base de cohesión
social y territorial. La creación de la Red de Servicios para la Ocupación del
Baix Llobregat, que consiste en intermediar entre la oferta y la demanda
en el mercado de trabajo diseñando unos itinerarios que van desde
la captación de ofertas y demandas de trabajo hasta la cobertura
de las mismas. Este servicio se integrará en el Servicio Catalán
de Colocación, creado por la Generalitat de Catalunya, manteniendo
sus especificidades y respetando su carácter de red comarcal. Este Plan contiene básicamente cuatro líneas estratégicas: Evaluación del escenario económico-social y su proyección Es importante, delimitar el contorno económico y social en el
que, de un modo tendencial, van a comportarse las principales macromagnitudes
en lo que resta hasta fin de siglo (4 años) y que, sin duda, deben
considerarse en la toma de decisiones a corto plazo en las estrategias
de desarrollo local, fomento de la iniciativa empresarial y perspectivas
ocupacionales. Es sabido por todos que nos encontramos ante una difícil situación
económica de carácter internacional que se agudiza en España,
al mezclarse con los desequilibrios estructurales no del todo resueltos
en nuestro país, déficit público, inflación,
altos tipos de interés, paro, etc. En esta radiografía es significativo constatar que de 1990 a 1994,
es decir en el corto período de 5 años, se habían
generado 10,5 millones de personas desocupadas más en el conjunto
de la OCDE. Además se constata que durante 20 años ininterrumpidos
el paro se revela con un componente estructural importante, es decir que,
aunque crezca la economía y la demanda, no se reduce el desempleo. Actualmente se tiende ya a reconsiderar estas políticas no tratándolas
como un fin en sí mismas, sino como un medio o un complemento para
un fin. De nuevo nos enfrentamos a un problema de rigideces administrativas
y normativas que constriñen el cerco de los recursos públicos
destinados al fomento de empleo y, a pesar de aumentar los recursos, no
se consiguen aumentos de empleo. Es más, en algunos casos como
es el español, cuantos más recursos existen para fomentar
el empleo más desempleados existen con derecho a prestaciones.
En este circuito existen contabilizados más de 300.000 millones
de pesetas de fondos públicos, sin contar autonomías, ni
ayuntamientos, ni fondos comunitarios. Cuantía tan respetable merece
mejor uso y mejores resultados que una simple utilización como
mecanismo compensador de rentas. Estos recursos deben circunscribirse de modo cofinanciado en el marco
municipal como fondos de inversión, que tengan efecto multiplicador
e incidencia en el tejido productivo. Este es el camino para el empleo.
No puede haber dinero ocioso o mal utilizado y, más, si son fondos
públicos. Ante este panorama, las soluciones no pueden ser cuantitativas sino cualitativas,
como he expuesto anteriormente. No es de esperar que se produzcan cambios espectaculares en esta tendencia.
La economía del área de la OCDE funciona con unos márgenes
tan delimitados y con una interdependencia, conocida en tiempo real, que
anula el factor sorpresa y neutraliza las aventuras especulativas en cuestión
de días. Estos aspectos van a ser una constante en lo que resta de década
y en el centro de ellos se sitúa la variable empleo como objetivo
y, en este objetivo, no va a estar, no puede estar, subestimado o infrautilizado
el desarrollo local y sus aportaciones. Para ello debe entroncarse decididamente
en el marco de la corresponsabilidad en las decisiones de política
económica, como una pieza relevante, dinámica, activa, interdependiente
y comprometida. Esta es la oferta y a la par exigencia que el movimiento
de desarrollo local debe formular con nitidez a la sociedad española. El fin empleo, progresión económica y social justifica
sobradamente esta disposición, lo contrario sería una irresponsabilidad
innoble de aquellos que concebimos la política como el vehículo
para transformar y avanzar en el contexto social en el que vivimos y nada
ni nadie puede hacernos abdicar de esta sana disposición a colaborar
en este fin. Por esta razón tiene tanta relevancia la existencia y coordinación
entre la política económica, la industrial y la de empleo,
dado que son vasos comunicantes de afectación mutua e interdependiente,
y la única garantía de crecer de manera equilibrada y cohesionada
socialmente. Este es el gran reto y hacia donde debemos proyectar nuestra creatividad,
imaginación y acción política, fomentando novedosas
iniciativas empresariales, entendidas como proyectos de desarrollo y,
adecuadas territorial y sectorialmente a la estructura de nuestro país,
haciendo compatible, la inversión pública y la generación
de infraestructuras, con la implementación de iniciativas empresariales
que motiven y movilicen a la iniciativa privada. Ello no debe impedir una política de cobertura social amplia,
racional y solidaria; aunque la fortaleza real de nuestro afán
por avanzar en el imprescindible desarrollo económico de nuestro
país se debe medir, no sólo por el nivel de derechos sociales
reconocidos, sino por la certeza de que no deberán ser utilizados,
salvo en circunstancias excepcionales. Esta asignación de recursos motiva, genera confianza en nuestras
posibilidades y en la construcción de iniciativas comprometidas
de desarrollo. La asignación meramente subsidiada, por regla general,
o es una actuación transitoria, un medio para un fin, o es una
manifestación de impotencia que evidencia que no se ha resuelto
el problema de fondo; es decir, la capacidad pública y privada
de crear proyectos capaces de transformarse en realidades generadoras
de riqueza, desarrollo y empleo. En este contexto, y no en otro, es donde cabe considerar mecanismos facilitadores
de sinergias entre lo público y lo privado, cuyo desenlace se mida
en términos de aumentos de la población ocupada, compatibles
con el rigor económico y presupuestario. Nuevas políticas de fomento de empleo Todas estas consideraciones deben concretarse en una nueva orientación
en las actuaciones de la política de fomento de empleo estableciendo
una mayor correlación y corresponsabilidad entre desarrollo local
y empleo. En este sentido, se formulan las siguientes líneas de
actuación: Sin duda, la articulación política de todos estos elementos
dotaría de cohesión a los recursos públicos de las
diversas administraciones y especializaría, sectorial y territorialmente,
las medidas de fomento, estableciendo un marco de actuaciones microeconómicas
en perfecta concordancia con la macroeconomía, con objeto de garantizar
estabilidad en las magnitudes básicas de nuestra economía.
Todo ello con la certeza de que no se incorpora ningún elemento
de gasto público adicional sino, incluso, ahorro y más eficacia
en la gestión y los resultados. Este conjunto de enunciados deberían constituir el referente programático
de nuestra acción política a corto y medio plazo, sentando
las bases de una articulación asociativa sólida, democrática,
participativa y representativa, sin perjuicio de una concepción
federal, pero con la convicción de que la fortaleza política
para el avance de todos se garantiza con una representatividad estatal
que tenga peso específico de interlocución, ya sea potenciando
las diferencias en el ámbito regional o de las nacionalidades,
ya sea aglutinando, defendiendo y construyendo lo común en el conjunto
del Estado Español. Con estos puntos de mira, de lo concreto a lo global, de lo global a
lo concreto, es como se forjan los avances colectivos y es, además,
donde se reconoce a los estrategas que saben entender que el beneficio
individual se obtiene a través de la contribución al beneficio
colectivo; si entendemos que este es el paradigma de funcionamiento, si
no tenemos una sólida alternativa, apostemos decididamente por
este objetivo, sumemos lo homogéneo, pospongamos lo irrelevante
para conseguir todos lo necesario. Seamos consecuentes con la parte de utopía que hay en todos nosotros,
trabajemos con la mirada en lo imposible porque queremos garantizar lo
indispensable. José Montilla Aguilera, Presidente del Consell Comarcal del Baix Llobregat, Alcalde de Cornellà |