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Industria y desarrollo sostenible Albert Berdié y Anna Roca La alteración de determinadas cadenas tróficas, la degradación de la calidad del suelo, la deforestación y la disminución del volumen de agua dulce disponible son algunos ejemplos. El hombre ha sido capaz de dejar atrás las sociedades ancestrales pasando a un modelo de sociedad industrializada que ofrece, por un lado, una elevada calidad de vida pero, por el otro, una serie de vectores de contaminación ambiental: aguas residuales, emisiones a la atmósfera, residuos líquidos y sólidos, etc. Pero esto no es todo; existe algo más peligroso que podría tener una gran trascendencia. La acción humana puede estar introduciendo cambios en los ciclos naturales que podrían verse modificados e incluso destruidos de manera irreversible. La escalada de los gases invernadero, la reducción del ozono estratosférico y el cambio climático pueden ser indicadores de que algo está fallando. La Energía Las sociedades preindustriales utilizaban la leña y el carbón como combustibles. Con la aparición de la industria comenzó una escalada en el consumo de los recursos no renovables que nos está evidenciando que nuestra política energética es marcadamente insostenible. Este importante hecho se agrava cuando descubrimos que el consumo de los recursos sigue una tendencia similar a la que nos muestran los diagramas de Paretto (un pequeño colectivo es responsable de un porcentaje elevado de consumo). Así, el informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo conocido como Informe Brundtland ya advertía en el año 1987 que los países desarrollados (26% de la población mundial) eran los beneficiarios del 80% del consumo total de energía, acero y otros metales. Esto quiere decir que en nuestro planeta hay un gran número de consumidores potenciales con un claro objetivo: emular las tendencias de los más desarrollados. La teoría Norte-Sur confirma esa conducta que, sin duda, ha de alertar a las Administraciones correspondientes. Adicionalmente, la explotación y la utilización de recursos naturales como el petróleo, el gas natural y el uranio no constituyen ninguna panacea. Cuando se estudian los procesos que incluyen el uso de estos bienes se descubre una serie de factores que apoyan esta afirmación: contaminaciones secundarias, bajos rendimientos, pérdidas energéticas, etc. A todo esto debe añadirse el impacto que provoca la extracción y el uso de dichos recursos naturales. El estudio de la utilización del uranio puede ser un ejemplo ilustrativo. Efectivamente, la fisión del uranio enriquecido en reactores nucleares genera, como vertiente positiva, una energía exenta de aquella contaminación aparente que provocan las combustiones tradicionales; sin embargo, como segundo aspecto, no podemos soslayar el volumen de residuos radioactivos que provoca cuya gestión es, hoy por hoy, una asignatura pendiente. Esta realidad hace que, poco a poco, aparezca una nueva concepción y un nuevo planteamiento. No podemos aspirar a mantener las reservas de petróleo o de uranio si nuestros procesos energéticos mantienen el ritmo actual de consumo. Difícilmente seremos ambientalmente sostenibles si apostamos por la explotación de los recursos no renovables sin desarrollar y promocionar técnicas viables de aprovechamiento de energías alternativas. La implantación de la producción limpia constituye un reto incuestionable y al mismo tiempo, una vía de solución al panorama energético y, básicamente, ambiental. El Quinto Programa Comunitario El año 1992 salió a la luz pública el V Programa Comunitario de Política y Actuación en Materia de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. A la vista de los resultados obtenidos por los cuatro anteriores Programas Comunitarios (desde 1972) e identificando una serie de puntos críticos que quedaban por resolver, este Quinto Programa propone un cambio de estrategias: no se trata de abordar separadamente los problemas ambientales identificados sino que, además, es necesario que se produzca una interrelación real entre los diferentes agentes sociales y los principales sectores económicos. Por vez primera se entiende la problemática ambiental como una cuestión multisectorial y absolutamente interdisciplinar. La definición de cualquier política Comunitaria deberá integrar las exigencias de protección del Medio Ambiente y, por tanto, del desarrollo sostenible. Hoy día, por ejemplo, algunos ayuntamientos han abandonado la denominación "Departamento de Medio Ambiente" para referirse a "Programa Transversal u Horizontal de Medio Ambiente"; de esta forma la política ambiental no queda restringida a su propia área sino que su afectación implica a cada uno de los ámbitos municipales. A pesar del cambio de estrategia en la política ambiental de la Unión Europea, el Quinto Programa continúa ocupándose de los problemas medioambientales que padecemos pero, como novedad, los sitúa en el mismo escenario que los agentes sociales y los sectores económicos. La identificación de los sectores que mayor aportación ofrecen a la situación actual puede ser una tarea compleja e incluso polémica. Convendremos en afirmar que el sector industrial es uno de los que incorpora mayor afectación. Cualquier centro productor, por pequeña que sea su estructura, utiliza
recursos naturales en sus procesos; cualquier sector industrial genera
cantidad de residuos y contribuye a la contaminación del aire, del agua
y del suelo. Pero, por otro lado, es obvio que el desarrollo de cualquier
sociedad depende, fundamentalmente, de la riqueza que genera el sector
industrial. El crecimiento de éste implica un incremento del consumo energético
y de recursos naturales que, como se ha manifestado, compromete seriamente
nuestro entorno. A la vista de esta realidad el Quinto Programa Comunitario
identifica tres pilares sobre los que debe fundamentarse el binomio Industria-Medio
Ambiente: Progresivamente las diferentes Administraciones competentes se están concienciando de la magnitud de esta cuestión, organizándose para ofrecer una solución a esta problemática. En Catalunya, por ejemplo, se ha estructurado un marco competencial basado en los distintos vectores de contaminación ambiental (aguas residuales, emisiones a la atmósfera, residuos y ruidos, y vibraciones). Bajo los preceptos y las directrices emanadas desde el Departamento de Medio Ambiente de la Generalitat de Catalunya, diversos Organismos competentes desarrollan una serie de acciones que tienen como principales objetivos la disminución del impacto ambiental provocado, la eficiencia energética y la racionalización del consumo de los recursos. Así, por ejemplo, podemos identificar una industria inmersa en un Programa de Descontaminación Gradual (PDG) mediante el cual se compromete voluntariamente ante la Administración, en un plazo de tiempo acordado, a implantar una serie de mejoras a sus procesos industriales que deberán traducirse en un aumento de la calidad de los vertidos de aguas residuales. Otro ejemplo sería el de una industria que afronta un Programa de Minimización de Contaminantes con el objeto de conseguir una reducción de la contaminación en origen y la potenciación de la reutilización y reciclaje de los subproductos generados. Industria Sostenible El sector industrial se ha convertido en uno de los centros de atención al implementar actuaciones concretas para minimizar la problemática ambiental. Poco a poco el industrial ha ido asimilando la nueva concepción del problema y, además de cumplir con los requisitos administrativos exigidos actualmente, ha invertido importantes esfuerzos para actualizar sus instalaciones. A pesar de ello se detectan diferencias entre subsectores productivos que, eventualmente, también se evidencian entre empresas del mismo sector. La consecuencia de este hecho origina lo que algunos industriales tildan de competencia desleal. Por ejemplo, la presión administrativa sobre dos empresas puede ser tan dispar que una de ellas se vea obligada a soportar unos costos ambientales, repercutiéndolos en el precio del producto final, mientras que otra no disponga, siquiera, de dispositivos correctores de la contaminación que genera. En igualdad de condiciones, por lo que a calidad del producto final se refiere, la segunda industria podrá vender sus artículos a un precio más bajo que la primera. Esta situación puede provocar la discriminación de los productos acabados de la empresa que, precisamente, realiza una correcta gestión ambiental. La tendencia más optimista esperaría un cambio de los hábitos del consumidor que, por norma general, es todavía incapaz de modificar su demanda y reconducirla hacia los productos que ocasionen el mínimo impacto ambiental. Este proceso, lento pero seguro, situaría el mercado en un nuevo punto de equilibrio en el que, sin más, se obviaría la incorporación de los criterios ambientales y de sostenibilidad. A la vista de los nuevos planteamientos y con las políticas ambientales sostenibles como telón de fondo, el diagnóstico de la mayoría de las empresas que nos rodean evidenciaría una serie de puntos críticos que, a buen seguro, serían objeto de importantes mejoras. Adicionalmente se podría observar, en muchos casos, como el establecimiento de ciertas medidas aumentaría la eficiencia y la competitividad de la industria en cuestión. Una de las filosofías que mejor se adapta a esta forma de gestión es la minimización de contaminantes: el secreto no radica en la instalación de grandes equipos para la depuración de los "outputs" residuales sino la reducción en origen de la contaminación generada. Al mismo tiempo que se ejecuta este proceso es necesario potenciar la reutilización y el reciclaje de los subproductos susceptibles de ser reaprovechados. Otro factor que denota sostenibilidad, en el ámbito industrial, es la adecuación energética de los centros productivos. La implantación de los Sistemas de Gestión de la Energía posibilita la optimización energética de los procesos industriales involucrados. La incorporación de técnicas de cogeneración y el aprovechamiento de las energías alternativas y de los flujos de calor excedente son algunos ejemplos. Por otro lado, la incorporación de tecnologías que usan materias primas menos contaminantes y la progresiva desaparición de aquellos productos que revisten mayor peligrosidad (cianuros, disolventes clorados y ácido crómico, por citar algunos) son prácticas que, en la medida de lo posible, deberán formar parte de la cotidianeidad. Por último, cabe destacar la posibilidad de evitar la generación de aquellos contaminantes que tienen su origen en los errores humanos o los hábitos adquiridos por los empleados de los departamentos productivos. Los manuales de Buenas Prácticas Profesionales (BPP) establecen una serie de criterios encaminados a la reducción de la fracción residual generada, principalmente, por la deficiente gestión del personal empleado (falta de motivación, inadecuada manipulación de materias, inexistencia de programas de mantenimiento preventivo, ineficiente control de inventarios y stocks, etc.). Al final del presente artículo se muestra, en un pequeño ejemplo, el caso real de una industria catalana que incorporó criterios de desarrollo sostenible y, sobretodo, mucha imaginación para reducir el impacto ambiental asociado a su proceso productivo. Sistemas de Gestión Ambiental Hasta ahora hemos remarcado la importancia de compatibilizar el desarrollo sostenible con la actividad industrial. La consecución de este objetivo no es fácil puesto que se requiere, por un lado, la participación activa de la empresa y, por otro, un grado de concienciación del impacto que se deriva de su actividad, estableciendo una estrategia destinada a reducir al máximo dicho impacto para conseguir una mejora continua de su situación, con el objetivo último de avanzar hacia una actividad sostenible. En los siguientes puntos se tratará, simplificadamente, de la implantación de Sistemas de Gestión Ambiental como posible vía para que las industrias progresen hacia el desarrollo sostenible. En el caso de que una industria, consciente del impacto que provoca sobre el entorno, decida tomar medidas para compatibilizar su actividad con un desarrollo a medio/largo plazo, debe admitir, en primer lugar, su "responsabilidad hacia el medio ambiente" y su voluntad de minimizar dicho impacto de manera oficial y por escrito. Es decir, incorporar este compromiso a su política o ideario de empresa
desarrollando, paralelamente, su Sistema de Gestión Medioambiental (SGMA)
que se fundamenta en un programa sistemático de actuaciones que conduzcan
a la reducción de su incidencia sobre el medio ambiente. La Unión Europea
en el Reglamento 1836/93 (EMAS) define un sistema de gestión ambiental
como "aquella parte del sistema general de gestión que comprende la estructura
organizativa, las responsabilidades, las prácticas, los procedimientos,
los procesos y los recursos para determinar y llevar a cabo la política
medioambiental". De esta definición se deduce que: Ambos sistemas tienen carácter voluntario y comparten objetivos comunes, existiendo una diferencia significativa entre ellos: el Reglamento EMAS, de aplicación más compleja y restrictiva, exige, con periodicidad anual, una declaración medioambiental pública sobre las actividades de la empresa. No obstante, una industria certificada según la norma ISO 14.001 puede obtener la verificación mediante un documento puente que incluye la declaración medioambiental validada. La mayor complejidad y compromiso que implica la adhesión al Reglamento EMAS para las empresas, se compensa con un reconocimiento por parte de la Administración que se traducirá en la simplificación de ciertos trámites administrativos y en el momento de solicitar subvenciones. La aplicación en España del Reglamento EMAS no está muy difundida puesto que está restringida a ciertos sectores y su tramitación es muy complicada, aspecto que probablemente se verá resuelto en la próxima revisión a que será sometida esta Reglamentación. La implantación de un SGMA estandarizado requiere una importante inversión, no tan sólo económica sino también de tiempo y personal, que, en ocasiones, resulta difícilmente asumible por algunas pequeñas o medianas empresas. A pesar de esta dificultad será necesario asumir la implantación de un SGMA (no necesariamente estandarizado) ya que, con ello, se verán reducidos los impactos ambientales avanzando hacia una actividad ambientalmente más sostenible. Como conclusión se pueden definir dos posturas a la hora de la implantación
de medidas medioambientales en un centro productivo: Los principales aspectos del proceso sobre los que la empresa podía incidir tenían relación, por un lado, con el importante consumo de ácido crómico y ácido sulfúrico (necesarios para formular los baños de preparación de la superficie de las piezas de ABS) y, por otro lado, con el consumo de reactivos en la depuradora físico-química para el tratamiento de los efluentes generados en el lavado de las piezas. Para que se pueda llevar a cabo el recubrimiento electrolítico de una superficie de plástico es necesario sumergir las piezas en un baño ácido compuesto por los reactivos citados anteriormente. Este proceso constituye el mordentado de plástico que tiene, como principal objetivo, convertir en conductoras las superficies a tratar. El proceso originario se basaba en el mordentado de la pieza seguido de un enjuague simple, en agua de red, que eliminaba en continuo el líquido ácido que las mismas superficies arrastraban tras salir de la primera etapa. De esta manera se impedía que el citado arrastre contaminara el siguiente baño pero, por el contrario, se generaba un gran volumen de agua residual que se debía depurar. La mejora introducida consistió en la supresión del enjuague y su sustitución por un lavado doble estanco, posterior a la cuba de mordentado, a la vez que se instaló un enjuague doble en cascada con agua de red, posterior al citado lavado estanco. La instalación de la etapa estanca posibilitó la retención de los ácidos y su reciclaje hacia el baño de mordentado. Consecuentemente disminuyeron drásticamente las compras de crómico y sulfúrico a la vez que el consumo de productos necesarios para la depuración (bisulfito sódico y sosa cáustica), pues la cantidad de reactivos ácidos perdidos a través de las aguas residuales se redujo. El caudal de agua necesario para la nueva estructura de lavado con agua de red disminuyó sustancialmente y la generación de lodos generados en el proceso de depuración se redujo a la mitad. A continuación se adjuntan los esquemas que ilustran las modificaciones introducidas en el proceso productivo de LINECROM, S. A. Ingeniero Industrial Anna Roca Alberch Bióloga. |