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La transformación de las
metrópolis
Desarrollo local y empleo
José Montilla
Hoy más que nunca es necesario formular análisis y supuestos
de futuro admitiendo como relevante la fecha del 3 de marzo de este año.
No podemos obviar un antes y un después de esta fecha que, sin
duda, marcará el desarrollo de los acontecimientos futuros.
Finiquitar casi catorce años de un Gobierno socialista que ha estado
permanentemente implementando políticas cuyo objetivo es fomentar
inversión pública, universalización de derechos básicos
de los ciudadanos y ciudadanas, sanidad, educación, pensiones,
protección al desempleo, etc.- tendentes a instaurar un modelo
de sociedad enmarcado en el "Estado del Bienestar", es algo
que no debe pasar, y que no pasará, desapercibido, máxime
si tenemos en cuenta que este período vino precedido de siete años
de transición, duros e inestables (1976-1982) y estos, a su vez,
de cuarenta largos años de dictadura, escaso desarrollo y aislamiento
internacional.
El relevo que se ha producido en el Gobierno no cabe pues considerarlo
como un mero cambio de gestores, sino como un nuevo proyecto político
que pretende un modelo de sociedad distinto al formulado en el proyecto
socialista. Esta circunstancia implica que necesariamente se adoptarán
medidas legislativas y de gestión tendentes a implementar en la
sociedad nuevos valores más liberales en el terreno económico
y menos solidarios.
En este sentido debemos considerar y reflexionar sobre como estos novedosos
aspectos de la realidad política española van a afectar
las estrategias de desarrollo económico y social que estamos desarrollando
en los Ayuntamientos progresistas, los cuales, sin ninguna duda, han contribuido
de manera determinante en la creación de empleo y en la formación
profesional de nuestros jóvenes, colectivo que sigue estando duramente
castigado en la integración al mercado laboral.
Es muy probable, que debamos emprender en cada momento determinadas acciones,
con objeto de evitar que puedan avanzar medidas lesivas para el modelo
de desarrollo que hemos trazado desde el municipalismo progresista. Acciones
decididas en este sentido fortalecerán nuestro mensaje colectivo
y nos permitirán establecer un común denominador entre los
que tenemos responsabilidades de Gobierno y los que ejercen su labor en
la oposición.
Sólo tomando en consideración el ámbito municipal,
hay aspectos de una enorme trascendencia que hoy están marcados
por la indefinición, como pueden ser:
- La financiación local.
- Las competencias municipales.
- La participación local en las políticas activas de empleo
si, finalmente, son transferidas del INEM a las CC.AA.
- La participación en los programas comunitarios y los mecanismos
de cofinanciación.
- Las competencias en materia de seguridad ciudadana, medioambiente, asistencia
social, planeamiento urbano, etc.
Estos aspectos, entre otros, deben ser los ejes de nuestra prioridad política
en el ámbito municipal. Sólo así evitaremos poner
en alto riesgo nuestro modelo de desarrollo municipal.
Políticas de desarrollo económico y social
El proceso de democratización real de la vida municipal española,
iniciado en 1979, cambió radicalmente el concepto de administracuón
local, pasando de ser agresiva contra los ciudadanos a ser comprometida
al servicio de los ciudadanos. Ciertamente deberíamos felicitarnos
por el trascendental y vertiginoso avance que en materia de infraestructuras,
equipamientos, servicios, zonas verdes, mayor cultura medioambiental,
convivencia ciudadana, atenciones primarias a colectivos desamparados,
etc. han tenido nuestros pueblos y ciudades. En suma, un importante aumento
de la calidad de vida de nuestros municipios y ello a pesar de tener una
atomización municipal no homologable con ningún país
de la OCDE; más de 8.000 municipios es una temeridad en un país
no especialmente sobrado de recursos públicos y esto, más
pronto que tarde, requerirá una reflexión en profundidad
si queremos, de verdad, abordar con rigor el grave problema de las maltrechas
finanzas municipales y la debilidad competencial del municipalismo español.
Las políticas de promoción económica inicialmente
desarrolladas por los ayuntamientos democráticos, prácticamente
desde su constitución, han evolucionado conceptualmente en función
de los nuevos requerimientos de la economía y de la ya dilatada
experiencia.
Básicamente, podemos hacer referencia a tres momentos complementarios
y sus respectivas prioridades de actuación:
a) Las iniciativas locales de ocupación.
b) Las iniciativas de promoción empresarial .
c) Las iniciativas de desarrollo económico.
En un primer momento las iniciativas de promoción económica
local, denominadas Iniciativas Locales de Ocupación, se entendían
como actuaciones estrictamente públicas, con un carácter
eminentemente reactivo o paliativo. El objectivo principal de estas iniciativas
era la lucha contra el desempleo y contra los perniciosos efectos sociales
que este provocaba. Las Iniciativas Locales de Ocupación no pueden
ser consideradas estrictamente políticas de promoción económica,
dado que su componente prioritario era básicamente el social, no
el económico.
A partir de los años 83-84, entra en una severa crisis nuestro
modelo industrial, provocando una espectacular caída del empleo.
Es básicamente a partir de este momento cuando la Administración
Local toma conciencia de la necesidad de abordar el grave problema de
las altas tasas de desempleo que soportan sus municipios -además
de las numerosas carencias básicas sociales-, con las pocas herramientas
de las que dispone y sin competencia alguna, actuando como catalizador
que cree condiciones para generar empleo. Todo ello con el convencimiento
de que es poco reconfortante promover un estado de bienestar y mejorar
la calidad de vida si el epicentro de la vida de las personas, el empleo,
se convierte en algo efímero.
Como consecuencia de esta realidad, de un modo unilateral e improvisado,
y a veces algo quijotesco, empiezan a surgir medidas singulares en diversos
municipios encaminadas a la creación de empleo. En este momento
inicial tuvieron gran importancia los esfuerzos encaminados hacia la formación
profesional. En esta etapa, la alianza con el INEM, los logros derivados
de la creación del Fondo de Solidaridad y la propia creación
de los Fondos de Promoción de Empleo encontraron un caldo de cultivo
en el atrevimiento de unos alcaldes, que sin vacilar y asumiendo mucho
riesgo y competencias que tradicionalmente no eran suyas, abanderaron
políticamente lo que hoy aún perdura, "lo local y el
empleo", acuñando un binomio de difícil separación.
Este primer y decidido paso del municipalismo puso en práctica,
por la vía de hecho, la coordinación de diferentes instrumentos
y diversas Administraciones que, con dirección política,
perseguían el mismo objetivo, generar empleo, o, como poco, generar
las condiciones para la creación del empleo. Recuerdo en este sentido
que cuando llegué a la Alcaldía de Cornellà de Llobregat
en 1985 y durante los primeros años de mandato ningún problema
era tan acuciante como el contar con un índice de paro en la ciudad
que llegó a alcanzar por entonces el 30%. Fue con el principal
objetivo de contribuir a la reducción paulatina de esta altísima
tasa de paro que decidimos la creación de la Empresa Municipal
de Promoción Económica de Cornellà, S.A. (PRECSA),
la cual, desde sus primeros años allá por la segunda mitad
de los ochenta, hasta nuestros días, ha ido evolucionando sensiblemente
en función de las nuevas necesidades y estrategias de dinamización
económica de la ciudad.
En este contexto de políticas para afrontar el alto paro generalizado
que se daba en España, y que lamentablemente todavía sigue
constituyendo una característica acuciante de nuestra economía,
hay que señalar como muy notable la aparición en el año
85 del Programa de Escuelas Taller y Casas de Oficio, que propició
un instrumento de vital importancia para las estrategias de desarrollo,
aunque ahora, lamentablemente, haya perdido su dinamismo original y ello,
fundamentalmente, se debe a la necesidad urgente de modificar su marco
normativo, objetivos, y metodología de funcionamiento, de manera
que se adecúen a la realidad actual reconvirtiéndose en
pieza incentivadora y antesala de iniciativas emprendedoras que, convenientemente
tuteladas, deberían ser la cantera de los Centros de Empresa, comúnmente
llamados "Viveros".
La puesta en marcha de las Iniciativas de Promoción Empresarial
representan la introducción de un enfoque que trata de anticipar
los problemas, más que de asimilarlos y que comienza a prescindir
de la exclusividad pública en las intervenciones, valorándose
positivamente la cooperación pública-privada.
La principal prioridad de las Iniciativas de Promoción Económica
es la creación de empresas. Desde la lógica anticipativa
que antes comentábamos, se considera que las empresas pueden generar
riqueza y, de esta manera, actuar como motor generador de bienestar para
el conjunto de la comunidad.
Las autoridades públicas, por lo tanto, no han de actuar solamente
sobre las situaciones de necesidad provocadas por el desempleo, sinó
también fomentando un crecimiento económico que indirectamente
las evitara.
Finalmente, las Iniciativas de Desarrollo Local representan, por una parte,
la voluntad de combinar las Iniciativas Locales de Ocupación y
las Iniciativas de Promoción Económica, y por otra parte,
la introducción de una nueva preocupación por mejorar las
condiciones y el entorno socio-económico local desde una perspectiva
estratégica.
Dos son los objetivos fundamentales de las Iniciativas de Desarrollo
Local:
-En primer lugar, potenciar el posicionamiento competitivo del municipio
o territorio local, fomentando la creación de riqueza y de ocupación,
manteniendo la calidad de vida y la cohesión social en una necesaria
perspectiva de desarrollo sostenible.
- El segundo objetivo es la maximización en la utilización
de los recursos humanos, sociales, institucionales y territoriales, con
el fin de potenciar un modelo de crecimiento endógeno.
Estos objetivos se han de instrumentalizar a partir de un posicionamiento
estratégico de lo local, que se traduce en:
- Referencias a una noción de desarrollo global, estructurado,
cualitativo y con capacidad de generar nuevas actividades.
- Referencias a un territorio homogéneo e indentificable que se
convierte en el eje básico del proyecto de desarrollo. El territorio
se convierte en un espacio de referencia que coordina las decisiones y
las acciones de los diferentes actores interesados en el desarrollo económico
local.
- El reconocimiento de los diferentes actores como definidores de las
estrategias de desarrollo. Las iniciativas de desarrollo local no confian
ni en la mano invisible del mercado ni en la mano invisible de la intervención
gubernamental, sinó en el compromiso de un conjunto de actores
que consensúan objetivos de futuro y acuerdan trabajar conjuntamente
a partir de unas líneas de actuación coherentes.
Estrategias de desarrollo local
Llevar a cabo Iniciativas de Desarrollo Local implica gestionar un proyecto
de desarrollo para el cual se fijen objetivos, se utilice el territorio
como factor de competitividad y se generen, como condición imprescindible,
amplios consensos institucionales y entre actores públicos y privados.
El desarrollo de un proyecto de estas características debería
articularse a partir de tres elementos básicos:
- Reforzar las capacidades de desarrollo local a partir de un proyecto
estratégico; es decir, de un proyecto donde los actores analicen
los problemas, identifiquen su mercado y los productos que pueden ofrecer,
valoren las debilidades y las potencialidades del territorio, y elaboren
estrategias de cooperación.
- Asumir, sin perjuicio de los compromisos y los consensos que se han
de establecer con todos los actores relevantes, el papel y la responsabilidad
de gobierno. Las autoridades públicas han de contar con el resto
de actores, pero tienen que ser conscientes de su rol coordinador y de
la necesidad de ejercer un liderazgo que ordene el proceso.
-Articular instrumentos -mixtos y flexibles- de intervención que
corrijan tanto las imperfecciones del mercado como las dificultades asociadas
a las actuaciones públicas de tipo monopolista.
La necesidad de un proyecto estratégico local
Que a partir de una combinación de factores endógenos y
exógenos que conduzcan el desarrollo de un territorio en función
de una definición clara de sus objetivos y que, en todo momento,
intervengan en la adquisición de capacidades locales. Es por esto
que parece importante:
- disponer de servicios de desarrollo local.
- invertir en educación y formación.
- organizar los actores y las redes para acceder a recursos exteriores
en materia de información, mercados y tecnologías.
- generar ideas y proyectos de renovación económica y social.
- valorar el entorno de la empresa y mejorar el clima de actividad económica.
En cualquier caso, reforzar las capacidades de desarrollo desde una perspectiva
estratégica requiere un mínimo de tres condiciones:
- La existencia de una masa crítica de proyectos y de un liderazgo
local que genere credibilidad, confianza, capacidad de decisión
y acceso a los fondos de financiación.
- Un conocimiento tan esmerado como sea posible de los potenciales y las
debilidades del territorio, como también de las oportunidades y
las amenazas que ofrece el entorno. En este sentido, la existencia de
un buen sistema de información y análisis del mercado de
trabajo y de la coyuntura económica es indispensable. Por ello
he de citar una experiencia que funciona en nuestra Comarca del Baix Llobregat
desde 1992 y que posteriormente se ha aplicado en otros territorios. Consiste
en la creación de un Observatorio Permanente del Mercado de Trabajo
de la Comarca que tiene por objetivo ofrecer un banco de datos que aporte
información suficiente para acercar oferta y demanda de trabajo
de los usuarios de este servicio, que son las instituciones y agentes
sociales que participan en la generación e implementación
de políticas activas de empleo, administraciones en general, organizaciones
sindicales y empresariales y agentes individuales como las empresas y
los propios demandantes de empleo.
- La existencia de un territorio de referencia que aglutine los esfuerzos,
rentabilice y dé coherencia a los objetivos socio-económicos.
Sobre el rol y la responsabilidad del gobierno
Tradicionalmente las responsabilidades públicas hacia la promoción
económica recaían sobre las espaldas de los gobiernos nacionales.
Paulatinamente, el nivel nacional ha ido mostrando sus límites
y rigideces: desconocimiento de las circunstancias locales, enfoque macroeconómico,
preferencia por los resultados a corto plazo, diseños eminentemente
reactivos, etc.
Así pues, avanzados los años 80 se inicia una lenta inversión.
Los gobiernos locales van acaparando protagonismo, ya que se reconoce
el valor de los enfoques microeconómicos (las pequeñas empresas
como principales generadores de ocupación e innovación),
de la calidad de los entornos productivos, de la calificación de
los recursos humanos o, en definitiva, de los factores endógenos
de desarrollo.
Sobre éstas tendencias, y utilizando las sugerencias de la OCDE,
es posible presentar los principios de acción que inspiran los
nuevos roles y las nuevas responsabilidades gubernamentales:
- Dar soporte (a través de subvenciones, cofinanciamiento, facilidades
administrativas, etc.) a iniciativas que refuercen la competitividad de
las estructuras económicas locales.
- Descentralizar, tanto como sea posible la información, los conocimientos
y las decisiones.
- Delegar las funciones de control y prestación a organismos (públicos,
privados ó mixtos) más autónomos.
- Reforzar los trabajos de evaluación a fin de hacer compatible
una mayor delegación de responsabilidades con un mayor control
del proceso.
Intervenciones de este tipo conducen a los gobiernos locales a actuar
como facilitadores, coordinadores, suministradores de información,
estimuladores y facilitadores de iniciativas que serán responsabilidad
de un cada vez más amplio abanico de actores.
Algunos instrumentos de intervención
Los instrumentos para implementar proyectos de desarrollo local son muchos
y variados.
En lo que respecta a los recursos humanos:
Hay que decir que la capacidad, la calidad y la flexibilidad de las personas,
determinan la capacidad de las empresas para adaptarse a cambios estructurales.
Para conseguirlo, hace falta competencia técnica, pero también
la promoción de una determinada cultura local, de unas actitudes
que sólo se pueden adquirir a través de mecanismos de formación
descentralizados y sensibles, tanto a las necesidades de los individuos
como a las del medio local.
En relación al conocimiento de los mercados y de la oferta local:
Es imprescindible organizar la oferta local de manera que las empresas
sean sensibles a nuevos productos, nuevos espacios de mercado, demandas
insatisfechas, etc. Así mismo, las autoridades pueden fomentar
mecanismos de cooperación entre empresas y así ayudar a
reducir sus costes de transacción.
El papel del entorno local:
Es fundamental, ya que el entorno local es productor de externalidades,
de efectos de proximidad y de aglomeración; como también
se constituye en reserva de recursos estratégicos, físicos,
humanos y financieros. Además, el entorno local genera lo que podríamos
denominar un determinado clima de actividad económica, al mismo
tiempo que articula el espacio donde deben desarrollarse las redes de
cooperación.
La importancia de los llamados factores invisibles:
Es decir, la existencia de intangible como son una perspectiva estratégica,
con todo lo que ello comporta en términos de liderazgo, compromisos,
análisis, etc.
Otro importante intangible local es la sensibilidad con la propia identidad
local, pues los factores culturales y comunitarios son claves en el desarrollo
endógeno.
La gestión concertada, o la implicación de los actores
en la gestión del desarrollo
Probablemente habrán distintas formas de gestionar las Iniciativas
Locales de Ocupación, las Iniciativas de Fomento Empresarial, o
las más actuales Iniciativas de Desarrollo Económico, pero
la implicación de los actores públicos y privados, y por
tanto el carácter democrático y transparente de la gestión,
es la clave del éxito.
O todos somos factores de solución o en la marginación de
alguien, sea voluntaria o no, se esconderá la incertidumbre en
relación al futuro. Eso, y sólo eso, puede arruinar los
brillantes planteamientos de modelos que todo lo solucionan.
Más vale pues, partir de la simplicidad para ir juntando los esfuerzos
y no dejar a nadie fuera, aunque el camino sea largo. Debemos andar seguros
en este camino porque el resultado será sin duda socialmente más
positivo, y ese es el éxito que a fin de cuentas buscamos.
En este sentido, puedo afirmar que la experiencia llevada a cabo en la
Comarca del Baix Llobregat de poner en marcha en 1990 un Consejo Económico
y Social, en donde se encuentran representadas las organizaciones sindicales
y empresariales, además del propio Consell Comarcal, ha constituido
un elemento efectivo para la participación y el encuentro de consensos,
en definitiva la concertación social como elemento base de cohesión
social y territorial.
Fruto del espíritu de concertación que impera en la comarca
ya ha sido posible llevar adelante diversas iniciativas, entre las que
quisiera señalar dos más , por su gran trascendencia.
La creación de la Red de Servicios para la Ocupación del
Baix Llobregat, que consiste en intermediar entre la oferta y la demanda
en el mercado de trabajo diseñando unos itinerarios que van desde
la captación de ofertas y demandas de trabajo hasta la cobertura
de las mismas. Este servicio se integrará en el Servicio Catalán
de Colocación, creado por la Generalitat de Catalunya, manteniendo
sus especificidades y respetando su carácter de red comarcal.
La elaboración del Plan Estratégico del Baix Llobregat,
con la activa participación de los agentes sociales y económicos
junto a las instituciones.
Este Plan contiene básicamente cuatro líneas estratégicas:
- Impulsar los grandes proyectos infraestructurales y urbanísticos.
- Potenciar la diversidad productiva.
- Mejorar la formación y agilizar el mercado de trabajo.
- Impulsar dinámicas de prevención y cooperación
para un desarrollo integral e integrador.
Evaluación del escenario económico-social y su proyección
Es importante, delimitar el contorno económico y social en el
que, de un modo tendencial, van a comportarse las principales macromagnitudes
en lo que resta hasta fin de siglo (4 años) y que, sin duda, deben
considerarse en la toma de decisiones a corto plazo en las estrategias
de desarrollo local, fomento de la iniciativa empresarial y perspectivas
ocupacionales.
Es sabido por todos que nos encontramos ante una difícil situación
económica de carácter internacional que se agudiza en España,
al mezclarse con los desequilibrios estructurales no del todo resueltos
en nuestro país, déficit público, inflación,
altos tipos de interés, paro, etc.
No es ninguna anécdota comprobar que el conjunto de los países
de la OCDE-Europa tendrán un crecimiento negativo del 0,3% en su
P.I.B. no siendo mucho más halagüeñas las previsiones
que estiman un crecimiento del 1,8% frente al 2,7% que tendrán
los países no europeos de la OCDE.
Esta previsión implica, en consecuencia, constatar la existencia
de 34 millones de personas en paro, lo que representa, el 8,5% de la Población
Activa del conjunto de la OCDE, llegando, posiblemente, al 8,7%; es decir,
a 36 millones de parados. Cifras, sin duda, escalofriantes y no en balde
consideradas como la cota de paro más elevada desde la 2ª
Guerra Mundial y a la altura de los índices registrados en 1983.
En esta radiografía es significativo constatar que de 1990 a 1994,
es decir en el corto período de 5 años, se habían
generado 10,5 millones de personas desocupadas más en el conjunto
de la OCDE. Además se constata que durante 20 años ininterrumpidos
el paro se revela con un componente estructural importante, es decir que,
aunque crezca la economía y la demanda, no se reduce el desempleo.
Todo es indicativo y fiel reflejo de que las tradiciones políticas
de fomento de empleo desde la vertiente macroeconómica y presupuestaria
son muchas veces inocuas, o simplemente influyen ligerísimamente
en la tendencia.
Actualmente se tiende ya a reconsiderar estas políticas no tratándolas
como un fin en sí mismas, sino como un medio o un complemento para
un fin. De nuevo nos enfrentamos a un problema de rigideces administrativas
y normativas que constriñen el cerco de los recursos públicos
destinados al fomento de empleo y, a pesar de aumentar los recursos, no
se consiguen aumentos de empleo. Es más, en algunos casos como
es el español, cuantos más recursos existen para fomentar
el empleo más desempleados existen con derecho a prestaciones.
En este circuito existen contabilizados más de 300.000 millones
de pesetas de fondos públicos, sin contar autonomías, ni
ayuntamientos, ni fondos comunitarios. Cuantía tan respetable merece
mejor uso y mejores resultados que una simple utilización como
mecanismo compensador de rentas.
Estos recursos deben circunscribirse de modo cofinanciado en el marco
municipal como fondos de inversión, que tengan efecto multiplicador
e incidencia en el tejido productivo. Este es el camino para el empleo.
No puede haber dinero ocioso o mal utilizado y, más, si son fondos
públicos.
Combatir los tenues niveles de crecimiento del P.I.B. no se conseguirá
a través de políticas fiscales ni monetarias, dadas las
limitaciones que soportan. En el aspecto fiscal, porque cualquier relajación
supondría elevar peligrosamente el déficit público
situado actualmente en el 6,4% del P.I.B. y, en el aspecto monetario,
porque acciones expansivas supondrían renunciar a un objetivo imprescindible:
bajar los tipos de interés. Toda esta panorámica traslada
la presión a la política presupuestaria, con objeto de que
ésta ejerza de mecanismo compensatorio, aunque un presupuesto expansivo,
provocaría efectos negativos en las dos direcciones simultáneamente;
es decir, aumentaría el déficit, impediría bajar
los tipos y encarecería los intereses de la deuda pública.
Ante este panorama, las soluciones no pueden ser cuantitativas sino cualitativas,
como he expuesto anteriormente.
Admitiendo, en términos conceptuales, una buena orientación
en las medidas de política económica, en términos
de control de los desequilibrios básicos (inflación, déficit
público, balanza de pagos, tipos de interés), no podemos
pasar por alto las indefiniciones y titubeos en las medidas de políticas
microeconómicas, sectoriales, de fomento a la actividad productiva,
de formación de recursos humanos, de reformas en el mercado de
trabajo y de apuesta decidida por el desarrollo local como motor dinámico
de la economía y el empleo, especialmente en su incidencia sobre
la pequeña y mediana empresa, única capaz de generar empleo
en nuestro país, dada la estructura productiva que tenemos, pues
no hay que olvidar que el 75% del P.I.B. del sector privado se asienta
sobre las Pymes.
No es de esperar que se produzcan cambios espectaculares en esta tendencia.
La economía del área de la OCDE funciona con unos márgenes
tan delimitados y con una interdependencia, conocida en tiempo real, que
anula el factor sorpresa y neutraliza las aventuras especulativas en cuestión
de días.
Ortega dijo en cierta oportunidad que una situación crítica
se caracteriza en un país porque a ese país no sabe lo que
le pasa, y eso es precisamente lo que le pasa. Es importante, en consecuencia,
que en la economía española, tratemos de saber objetivamente
lo que nos pasa para, después, entre todos, no unos más
que otros, entre todos, con sentido de solidaridad y finalidad común,
buscar el conjunto de soluciones posibles en el marco de un plan estratégico
de país.
Este conocimiento exige moverse simultáneamente en tres planos:
la influencia que tenemos de la coyuntura externa, la irreversible y necesaria
integración económica europea y los males endógenos
de nuestra economía.
Estos aspectos van a ser una constante en lo que resta de década
y en el centro de ellos se sitúa la variable empleo como objetivo
y, en este objetivo, no va a estar, no puede estar, subestimado o infrautilizado
el desarrollo local y sus aportaciones. Para ello debe entroncarse decididamente
en el marco de la corresponsabilidad en las decisiones de política
económica, como una pieza relevante, dinámica, activa, interdependiente
y comprometida. Esta es la oferta y a la par exigencia que el movimiento
de desarrollo local debe formular con nitidez a la sociedad española.
El fin empleo, progresión económica y social justifica sobradamente
esta disposición, lo contrario sería una irresponsabilidad
innoble de aquellos que concebimos la política como el vehículo
para transformar y avanzar en el contexto social en el que vivimos y nada
ni nadie puede hacernos abdicar de esta sana disposición a colaborar
en este fin.
Es evidente que la pretensión de cualquier sociedad es tener empleo
para el conjunto de su población activa, lo que se traduce en un
objetivo de capital importancia en las actuaciones de los gobiernos sin
distinción. No obstante, ello no implica que los gobiernos, por
sí solos, puedan generar empleo, a lo sumo crear las condiciones
necesarias, que no suficientes, para que pueda crearse empleo.
Por esta razón tiene tanta relevancia la existencia y coordinación
entre la política económica, la industrial y la de empleo,
dado que son vasos comunicantes de afectación mutua e interdependiente,
y la única garantía de crecer de manera equilibrada y cohesionada
socialmente.
En este sentido el empleo se revela como un indicador finalista que refleja
la progresión de un país hacia mayores cotas de bienestar
económico y social, aunque para ello es imprescindible la contribución
corresponsable del conjunto de la sociedad que propicie el máximo
volumen de ocupados en relación a la población activa y,
asimismo, que el empleo generado sea longevo y de calidad en términos
de producción y costes.
Este es el gran reto y hacia donde debemos proyectar nuestra creatividad,
imaginación y acción política, fomentando novedosas
iniciativas empresariales, entendidas como proyectos de desarrollo y,
adecuadas territorial y sectorialmente a la estructura de nuestro país,
haciendo compatible, la inversión pública y la generación
de infraestructuras, con la implementación de iniciativas empresariales
que motiven y movilicen a la iniciativa privada.
El reencuentro con la eficiencia en el sector público, debe orientarse
a garantizar el efecto multiplicador del recurso público, ya que
el problema no es exclusivamente de ahorro, sino de gastar mejor, de forma
más productiva en la prestación de servicios y en la incentivación
para generar nuevo empleo.
Ello no debe impedir una política de cobertura social amplia, racional
y solidaria; aunque la fortaleza real de nuestro afán por avanzar
en el imprescindible desarrollo económico de nuestro país
se debe medir, no sólo por el nivel de derechos sociales reconocidos,
sino por la certeza de que no deberán ser utilizados, salvo en
circunstancias excepcionales.
La solidaridad redistributiva que se establece entre el sistema productivo
y el inactivo en el mercado ocupacional no puede ser el objetivo que oculte
que lo realmente importante es aplicar recursos a la inversión,
a la creación de actividad empresarial, a la mejor asignación
de rentas salariales, a una mejor distribución de los recursos
humanos ocupados y a la formación e inserción ocupacional.
Esta asignación de recursos motiva, genera confianza en nuestras
posibilidades y en la construcción de iniciativas comprometidas
de desarrollo. La asignación meramente subsidiada, por regla general,
o es una actuación transitoria, un medio para un fin, o es una
manifestación de impotencia que evidencia que no se ha resuelto
el problema de fondo; es decir, la capacidad pública y privada
de crear proyectos capaces de transformarse en realidades generadoras
de riqueza, desarrollo y empleo.
En este contexto, y no en otro, es donde cabe considerar mecanismos facilitadores
de sinergias entre lo público y lo privado, cuyo desenlace se mida
en términos de aumentos de la población ocupada, compatibles
con el rigor económico y presupuestario.
Abordar un cambio estructural y conceptual de las políticas e instrumentos
existentes en materia de políticas activas de empleo es la tarea
más inmediata que demanda la sociedad en la próxima década,
dado que estas herramientas, si bien han cumplido sobradamente sus objetivos
en la década de los ochenta, se revelan inadecuadas ante la profunda
transformación tecnológica, económica, social y europeísta
en la que de manera irreversible se encuentra nuestra sociedad.
Nuevas políticas de fomento de empleo
Todas estas consideraciones deben concretarse en una nueva orientación
en las actuaciones de la política de fomento de empleo estableciendo
una mayor correlación y corresponsabilidad entre desarrollo local
y empleo. En este sentido, se formulan las siguientes líneas de
actuación:
- Concebir un Programa Nacional de Desarrollo Local y Empleo -PEDL- en
el que se coordinen de forma interactiva las diferentes actuaciones de
la Administración Central, Autonómica y Local, de manera
que se orienten, sinérgicamente y cofinanciadamente, acciones de
estrategia de crecimiento adecuadas a las circunstancias específicas
de los territorios.
- Articular una ley marco del desarrollo local que delimite los derechos
y obligaciones, y establezca los requisitos, metodología y financiación,
que permitan la coordinación institucional, así como la
complementariedad de políticas generadoras de iniciativas inversoras,
aprovechamiento de recursos endógenos y capacitación de
recursos humanos.
- Reorientar el Programa de Escuelas Taller para que sea un instrumento
dentro del conjunto del Plan y no algo aislado o desconexo de la política
de empleo. Ello implica acentuar su concepto de formación-empleo,
concebido como la antesala de un proyecto empresarial, además de
contribuir a rehabilitar espacios obsoletos para convertirlos en operativos
en la zona donde operen.
- Crear el concepto de Red Nacional de Centros Experimentales de Creación
de Empresas con objeto de facilitar la puesta en marcha de proyectos empresariales
innovadores, ponderando su riesgo, verificando su viabilidad y adecuando
sus costes de puesta en marcha hasta que su definitiva consolidación
permita su normal funcionamiento en el mercado.
- Adecuar la orientación de los recursos de los convenios INEM-Corporaciones
Locales de modo que queden circunscritos a un plan de desarrollo estratégico
municipal.
- Adecuar de manera complementaria planes formativos que se orienten a
capacitar los recursos humanos de cada zona a las necesidades ocupacionales
que se deriven del Plan Estratégico en relación a las iniciativas
empresariales que se proporcionen en el territorio.
- Coordinar todas estas funciones a través de la participación
de los agentes sociales, comunidades autónomas y municipios integrando
en su seno las funciones de intermediación en el mercado de trabajo,
las políticas activas de fomento de empleo, las acciones de incentivos
regionales, la incidencia de la política de infraestructuras y
medio ambientales, y las actuaciones de incentivos industriales y de fomento
de la pequeña y mediana empresa.
Sin duda, la articulación política de todos estos elementos
dotaría de cohesión a los recursos públicos de las
diversas administraciones y especializaría, sectorial y territorialmente,
las medidas de fomento, estableciendo un marco de actuaciones microeconómicas
en perfecta concordancia con la macroeconomía, con objeto de garantizar
estabilidad en las magnitudes básicas de nuestra economía.
Todo ello con la certeza de que no se incorpora ningún elemento
de gasto público adicional sino, incluso, ahorro y más eficacia
en la gestión y los resultados.
Este conjunto de enunciados deberían constituir el referente programático
de nuestra acción política a corto y medio plazo, sentando
las bases de una articulación asociativa sólida, democrática,
participativa y representativa, sin perjuicio de una concepción
federal, pero con la convicción de que la fortaleza política
para el avance de todos se garantiza con una representatividad estatal
que tenga peso específico de interlocución, ya sea potenciando
las diferencias en el ámbito regional o de las nacionalidades,
ya sea aglutinando, defendiendo y construyendo lo común en el conjunto
del Estado Español.
Con estos puntos de mira, de lo concreto a lo global, de lo global a
lo concreto, es como se forjan los avances colectivos y es, además,
donde se reconoce a los estrategas que saben entender que el beneficio
individual se obtiene a través de la contribución al beneficio
colectivo; si entendemos que este es el paradigma de funcionamiento, si
no tenemos una sólida alternativa, apostemos decididamente por
este objetivo, sumemos lo homogéneo, pospongamos lo irrelevante
para conseguir todos lo necesario.
Seamos consecuentes con la parte de utopía que hay en todos nosotros,
trabajemos con la mirada en lo imposible porque queremos garantizar lo
indispensable.
Este es un esfuerzo de todos que hay que hacer si queremos ganar el futuro.
José Montilla Aguilera, Presidente del Consell Comarcal del Baix
Llobregat, Alcalde de Cornellà.
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