Bahía Blanca, .
 
MUNICIPAL

Apr 28, 2008
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Lo adoran donde ejerció y le temen donde mantiene el cargo

"Era compañero y cariñoso", dijo una de sus ex alumnas

Paola González sonrió, miró al piso y levantó las cejas. Se esforzaba por recordar sus días de estudiante. Tiene 32 años. Fue alumna de Luis D Elía hace 21, en la escuela N° 172 de La Matanza, cuando tenía 11.

"Era su último año como maestro, en el 87. Después ya no lo vimos. Tengo un lindo recuerdo: era compañero, dedicado y cariñoso", contó mientras retaba a uno de sus hijos, ansioso por arrebatar el florero de la mesa solitaria del living sin puertas, entre las paredes verdes fosforescentes, llenas de imágenes religiosas.

Delia, la suegra de Paola, se movía inquieta en una silla de metal. Enseguida interrumpió la charla. "¡Mis tres hijos mayores tomaron clases particulares con D Elía! A fines de los 70, antes de que entrara en la escuela. Aprendieron a leer con él. Fue una gran persona, nos ayudó mucho", dijo. Uno de sus hijos, Mario Ríos, de 34 años, es el marido de Paola.

Delia apuró palabras para terminar la historia: "Uno lo ve tan agrio en la política, dicen que es agresivo No sé, lo será, pero afuera. Acá siempre fue amoroso". Casi toda la conversación transcurrió desbordada de elogios y amables aprobaciones. Las dos se excusaron: "En la política será otra cosa. No sabemos de eso".

Paola retomó la charla: "El prestaba libros, era recto, pero comprensivo, tenía algo especial cuando hablaba". Delia, sonriente, no pudo contenerse: "¿Le cuento algo? Les dio clases a mis hijos y nunca nos cobró. Si hoy tiene a alguien en contra, debe ser porque le dio de comer y ahora le quiere morder la mano".

En ese momento, a 15 cuadras de allí, el ánimo todavía era espeso en la escuela 188. Las porteras habían trabado la puerta del edificio e intentaban resguardarse de periodistas y fotógrafos. En el lugar donde D Elía conserva su cargo como maestro titular nadie quería hablar.

"A Luis le tienen miedo"

Noemí Díaz, una cocinera del comedor, dijo después que era porque "a Luis le tienen miedo".

"¿No viste cómo cerraron la puerta? Acá su figura es muy fuerte, va a ser difícil que alguien diga algo", aseguró Noemí, protegida por Eva Verón, una de las maestras de la escuela. Fueron las únicas dos personas dispuestas a dar testimonio.

"¿Ustedes por qué hablan si hay tanto miedo?", preguntó LA NACION. "Porque hace años que vemos las cosas. Estamos cansadas, sabemos lo que pasa", contestó Eva.

Noemí confesó tener una relación "particular" con la familia D Elía: durante casi 8 años cuidó a sus cinco hijos. "El más chiquito tenía siete meses cuando llegué a su casa; hoy tiene 14. Los padres se iban a Cuba o a Brasil y me dejaban los nenes", contó. Agregó luego que dejó el empleo en 2000. No quiso decir más. La historia, dicen, no tuvo final feliz.

En cambio, en la escuela 172 el ambiente parecía distendido. Las cocineras hablaron de D Elía. "¡Para mí es Luisito!", dijo Elvira Valenzuela, en la escuela desde hace dos décadas. "Hizo muchas cosas por el barrio. El que diga que no miente."

"Con nosotros no cambió nunca. Siempre fue igual", acotó Elba Rodríguez, otra cocinera, que trabaja allí desde hace 29 años. "Es una buena persona", repitió. Un minuto después, el timbre gastado de la escuela empezó a sonar. Ya no podían charlar más, había que trabajar.



 
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