Bahía Blanca, .
 
MUNICIPAL

Jun 13, 2008
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Los pollos son los nuevos faltantes

Pasaron pocas horas desde la advertencia de los representantes de las industrias cárnica y avícola hasta que el mal augurio se hizo evidente: el desabastecimiento de pollos y carnes ya desnuda el piso de los estantes de las heladeras en muchos supermercados porteños. La imagen se repitió ayer, en una nueva recorrida de LA NACION por comercios de alimentos de venta minorista de Capital Federal.

Una escena, ocurrida en el Disco de Paraguay al 4300, sirve para identificar el nuevo faltante: en los diez metros de heladera, donde debían estar los distintos cortes de carne vacuna, quedaban unas pocas bandejas con peceto y lomo, dos de los cortes más caros. El resto estaba ocupado por chorizos, morcillas y salchichas parrilleras, que se ofrecían en forma exagerada ante la ausencia de cortes de carne roja. "Entonces comeremos choripanes", se resignó un muchacho y se llevó lo que constituía casi su única opción.

Fuentes de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal) habían alertado el miércoles sobre las "graves consecuencias" de desabastecimiento que podían hacerse visibles desde hoy.

En un espacio vacío de la heladera del Jumbo ubicado en Cerviño y Bullrich, chorreado con el líquido rojizo de los pollos frescos ya agotados, un repositor acomodaba simétricamente paquetes de salchichas y provoletas. "Para tapar un poco", dijo el joven a LA NACION en tono cómplice. "Es que no queda más", aclaró.

Anteayer, el presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas, Roberto Domenech, había señalado que se estaba acabando la materia prima por los problemas de distribución. No hubo que esperar demasiado para comprobarlo.

Más cupos

En la sucursal de Jumbo que visitó LA NACION hay un cupo -de tres unidades- para la venta de carne. Un problema para Darío, uno de los clientes que se abastecía para el asado del Día del Padre, el próximo domingo. En su chango puso nueve cortes parrilleros; lo necesario para deleitar a su familia con un buen almuerzo. Otra vez, LA NACION asistió a una repartija familiar para pasar productos de compra restringida por distintas cajas.

En el Carrefour de Salguero y Figueroa Alcorta, la poca harina que quedaba estaba esparcida sobre la góndola. En su lugar se ofrecían mezclas para preparar pizzas, un producto recurrente para evitar el shock de la ausencia.

Seis, cuatro, tres, dos... los cupos son cada vez más, pero cada vez menos logran evitar llegar al número que revela el problema: el cero.



 
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