Bahía Blanca, .
 
MUNICIPAL

Jun 6, 2008
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La política se llenó de monólogos

Ayer, Cristina Kirchner le hurtó a la Iglesia, quizás impregnada por sus días romanos, parte del patrimonio cultural: “Mi opción será siempre por los pobres”, dijo. La “opción por los pobres” es una vieja idea de la religión católica, que algunos sacerdotes entendieron y otros malinterpretaron. La Iglesia argentina les recordó a los políticos, a su vez, cosas que los políticos han olvidado. Por ejemplo, la obligación de buscar soluciones sin crispar aún más el espacio público. Ese intercambio de roles (la Presidenta hablando como los obispos y los obispos recordando los deberes de los políticos) es una expresión cabal de las extrañezas que entrecruzan en estos días la política argentina.

No hay diálogo serio entre el Gobierno y el sector agropecuario desde hace, por lo menos, 10 días. "Hay voluntarios que se ofrecen, pero ningún teléfono rojo ha funcionado", subrayó uno de los principales dirigentes rurales. La democracia argentina ha sido renuente al diálogo, salvo en sus tiempos iniciales, en los años 80. Esa falta de ejercicio de lo que debería ser una gimnasia cotidiana de la política, el hecho mismo de conversar, es más inexplicable todavía cuando un duro enfrentamiento está paralizando la economía y exasperando dramáticamente a la sociedad.

La política se ha inundado, en cambio, de monólogos. Néstor Kirchner ha hecho en sus tiempos muertos lo que más le gusta hacer: hablar solo, sin pedir la opinión de nadie, ante las estructuras sumisas del peronismo. A los indisciplinados (a los que tienen otras ideas) les echó flit, según la metáfora de Carlos Reutemann. De esos soliloquios ante legisladores, dirigentes y punteros del justicialismo puede desprenderse una conclusión: no hay diálogo porque el Gobierno cree que el campo es un enemigo a batir. En efecto, contra el enemigo se lucha, no se dialoga.

También Cristina Kirchner se ha hecho adicta a los monólogos. Su embestida de ayer contra el sector rural (al que acusó de tener más recursos que las automotrices, la industria que más la seduce) significó un error político. Las entidades agropecuarias se aprestan a decidir en las próximas horas la continuidad -o no- del paro convocado hasta la noche de pasado mañana. ¿Hay clima para levantar el paro después del discurso presidencial de ayer, que no careció de la recurrente descalificación? "No", respondió en el acto un dirigente rural. Seguiría el paro, entonces. Pero, no obstante, hay que esperar el decurso de las horas. Las horas, a veces pocas horas, pueden cambiar todo en la Argentina volátil de la crisis.

En Roma, en la cumbre de la FAO, la Presidenta la emprendió contra los pools de siembra. Esa idea ya la había expresado Néstor Kirchner, que dijo en su momento que el Gobierno debía obligar a los productores a volver a la producción y a no arrendar sus campos a grandes capitales de inversores. Ambos se han olvidado de lo que hacían y decían hace muy pocos meses, cuando exhibían a esos grandes productores agropecuarios como los motores de la modernización del campo. "Es el campo del futuro", dijo la propia Presidenta hace poco más de dos meses.

Los monólogos no vienen solos. Piqueteros oficialistas, liderados por el infaltable Luis D Elía, anunciaron que se movilizarán a Rosario el 20 de junio para "desagraviar" la Bandera. Son el inconsciente de Néstor Kirchner, que todavía no digirió que un sector díscolo haya reunido en el Monumento a la Bandera una multitud esencialmente antikirchnerista. Otros piqueteros enloquecieron ayer la Capital porque están a favor de la protesta del campo. Productores rurales siguen acampando, mientras tanto, al lado de los caminos.

El sesgo más grave del alboroto público lo dieron los camioneros que trasladan los productos del campo. Han cortado todas las rutas importantes del país para provocar deliberadamente el desabastecimiento de la sociedad. Hugo Moyano, que no tiene nada que ver con esos camioneros, se solidarizó en el acto con ellos. Hay un grupo de bienintencionados entre esos nuevos piqueteros, algunos de los cuales son buenos amigos de los productores rurales. No trabajan ni cobran como consecuencia del paro rural y creen que así obligarán al Gobierno y a las entidades agropecuarias a buscar una solución. "Los entendemos, pero no compartimos lo que hacen", aclaran los ruralistas.

Un sector aparentemente minoritario de esos camioneros no es tan amigo de los productores (¿hablan con Julio De Vido, como aseguran dirigentes del campo?) y estaría buscan el aislamiento social del movimiento campesino. El desabastecimiento de la sociedad es un fantasma que se va convirtiendo en realidad. Los productores lecheros no pudieron ayer sacar sus mercancías de los tambos. Una de las principales empresas lácteas advirtió, al mismo tiempo, que la carencia total podría suceder en días inminentes.

El kirchnerismo ha buscado desesperadamente, en casi tres meses de conflicto, dos cosas: la división de las entidades agropecuarias y el enfrentamiento de éstas con vastos sectores sociales. No ha conseguido ninguna de las dos. ¿No sería hora ya de explorar las vías de un acuerdo? Las entidades agropecuarias aseguran que detestan el corte total de las rutas. "Si hubiéramos querido dar un golpe de esa magnitud lo habríamos hecho el primer día y no tres meses después", recalcaron. Ellas también tienen la responsabilidad de hacer progresar el diálogo, aunque no pueden convocarlo.

El cardenal Jorge Bergoglio tiene una destreza especial para aludir sin nombrar: "No es fuerte el que gana", dijo ayer, y derrumbó con una sola frase la eterna estrategia de Néstor Kirchner. Ganar. La derrota nunca figuró en los planes del ex presidente. La Iglesia imploró también por el regreso de los métodos clásicos de la política, que significan la solución de los conflictos a través del diálogo y la negociación entre la dirigencia política y social. El permanente alboroto del espacio público, con facciones de un lado y del otro cruzándose peligrosamente, no hace más que retrasar la solución y poner en riesgo, como lo recalcaron los obispos, la paz social.

Monólogos. Amenazas de grescas entre sectores marginales de la política. La sublevación del interior, aislada de la esperanza, sólo ve aumentar el descontento y el hastío. La política más encumbrada cree, en cambio, en conspiraciones. Los políticos profesionales callan, susurran críticas que nunca dicen y escuchan, impotentes, las recitaciones del poder. Es fácilmente perceptible una notable parálisis del pensamiento.

 
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